El vino, sea de vino corriente o un gran vino de añada elaborado con sofisticada tecnología o incluso con métodos artesanos, es y será auténtico compañero del hombre a lo largo de los tiempos, pues un vino honrado es una alegría para el corazón y un solaz para el espíritu, y las regiones mediterráneas, que fueron crisol de la civilización y también de grandes caldos, no solo conservarán este patrimonio tecnológico sino que, posiblemente, conseguirán para sus viñedos que miran al Mare Nostrum una destacadísima posición en el ranking mundial de los mejores vinos.

Prensa de vinos del siglo XVIII (Fundación Miguel Torres, en Pacs del Penedés)

Uvas del vino tinto


L as uvas del vino tinto son muy variadas, y una de ellas es Monastrell:
Se caracteriza por sus bayas pequeñas, azul negras, con hollejo grueso. Es una variedad tinta productiva y muy bien adaptada a las duras condiciones de los secanos de Murcia.
De color rubí intenso con tonos violetas en los jóvenes que se van difuminando con el tiempo a colores más sepia y ocres.
Con ella se obtienen vinos de color intenso y notable graduación (sólo desarrolla su pleno potencial varietal a partir de los 13 grados), ligeramente secos y carnosos. También resulta apta para la elaboración de vinos rancios dulces.
En Bullas los vinos rosados elaborados con la variedad Monastrell destacan por su frescura y vivacidad. Los racimos son grandes y densos. Las uvas, pequeñas redondas y con la piel gruesa. En el Penedés en cambio, ésta es una de las variedades tintas autorizadas para elaborar Cava.